Siempre la parte que más me gustó de la clase de Tai Chi que realizaba en Nueva Acrópolis era la meditación previa. Cortita, simple, amena y con una música oriental de fondo que vibraba con cada una de mis vértebras, y rodillas! ya que estábamos sentados en cuclillas y luego de un rato las piernas no te daban más! Parecía una clase normal, la diferencia: esta vez en la meditación previa yo me concentré mucho en la música, esa melodía simulando una especie de lluvia con pizcas de un arpa me hipnotizaron al punto que mis oídos captaban como un radar cada una de las notas y mis ojos cerrados se centraron en una única imagen que aparecía en mi mente: veía como unas ondas de luz que "salían" desde el interior de mi mente e iban hasta un punto fijo lejos en ella, (Lo sé, es difícil de entender, pero si me vieran las manos, lo entenderían más gráficamente!) el quid de la cuestión, es que al cabo de unos instantes de centrarme sólo en la música oriental, sentada en cuclillas con los ojos cerrados, todos mis pensamientos (sin darme cuenta) se fueron y esas ondas que salían de mi mente se transformaron en una enorme bola de Luz. Era como si fuese un átomo gigante, como ases de luces que se movían a mil por hora. La veía ahí, en el medio de mi mente, y no se "veía" como una imagen o un recuerdo, si no como la viva existencia de "eso" en algún plano, o más específicamente dentro mío. Estaba muy sorprendida pero atenta, mientras la meditación en la clase seguía, me centré en su forma, era como una estrella de luz, como un gran átomo hecho de luz, con sus ases que giraban infinítamente a la velocidad de la luz. Y lo que yo sentía era que esa bola estaba viva, MUY viva, LLENA de VIDA y una inmensa, magnifica Alegría. También, además de sentir la vida, la alegría que emanaba de esa bola de luz
, sabía (porque lo sabés!) que ese ser era YO, era mi esencia, era como ver mi estado puro de energía, pura energía, muy vibrante, moviéndose a mil por hora, llena de alegría, plena, no era ni hombre ni mujer, simplemente ERA, simplemente ES. En ese momento no entendía nada. La meditación terminó, y con ella mi parte favorita de la clase, y qué clase!! Algunos guías a los que consulté me dijeron que esa era mi mercaba, mi YO crístico en esencia que algunos perciben, otros ven y otros utilizan para realizar viajes interdimensionales. Recuerdo aquella clase como un guiño de la vida para que siga meditando, en compañía de música y mucha mucha alegría!!

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